top of page

EL CABELLO NO SE ME DEJA DE CAER

Publicado por primera vez en http://beso-blog.com/el-cabello-no-se-me-deja-de-caer/ el 31 de agosto de 2020. 

El cabello no se me deja de caer.

​

No sé si comprar más pelucas.

De colores más vivos.

Ya fui al médico.

No pasa nada grave.

Sólo no se me deja de caer.

​

Aunque sería más raro que se comenzara a elevar. Que hubieran cabellos suspendidos en el aire. Enredando todo a su paso. Atrapando insectos en sus marañas. O que se fueran al techo, oscureciendo los focos de cada cuarto que habite, generando un juego de sombras con líneas que envuelven la luz cálida de las salas familiares.

​

¿Comenzaré a rellenar con colores los pequeños terrenos vacíos que queden en mi cabeza? ¿De qué color sería conveniente hacerlo? ¿O debería intentar con brillantina?

¿Convendría implantar pasto como una especie de huerto urbano ambulante de uso individual con una tecnología que me permita tener la cabeza llena de flores? De pensamientos, obviamente, mi flor favorita. ¿Pero qué tal que surge una plaga o las abejas se hacen visitantes frecuentes?

​

Tal vez todo esto tiene una razón oculta. Siempre he sido muy torpe al caminar y me tropiezo con todo. Quizá debería dejar todo ese cabello en el piso como un colchón preventivo ante las caídas, tal vez por eso se ha caído tanto, porque puede predecir un desvanecimiento inminente. Llevo años buscando mi forma perfecta de caer. Yo lo llamo derretirme. Es mi forma sobreactuada de tirarme al piso de modo controlado cuando ya no puedo con nada. Aunque también hay muchas caídas no premeditadas, justo para esos casos me sería más útil saber caer de verdad, para sufrir lo menos posible los golpes inesperados.  

​

Se me cae el cabello. Como a todes. O un poco más. Quizá estoy exagerando, pero es que es para mí una novedad. La liga da cuatro vueltas, cuando antes solo daba dos e incluso se rompía por que no conseguía soportar tal cantidad. Dos ligas negras eran mis compañeras infaltables, y ahora solo necesito de los servicios de una, aburrida de la falta de retos que le representa mi pelo, pero también mareada por tanto giro y tensión.

​

Mi total agradecimiento a los materiales flexibles que tanto esfuerzo hacen por no romperse y moldearse. Por que incluyen en sí mismos la posibilidad de ir y regresar, oponiéndose a las lógicas de progreso que se oponen a mirar atrás. Podría decir que son hasta interactivos, traen juegos de movimiento en su interior. Materiales como el hule y la licra tienen la resistencia, literalmente, en su composición. Como aquellos trampolines en los que me gustaba saltar de chica, en donde la elasticidad era capaz de jugar una especie de Ping-pong con el aire, en el que la pelota es el usuario y el caer, aunque sea por periodos cortos, es parte esencial de la dinámica.

​

Aunque también puede ser desgastante. Todo estirar tiene un límite y el romperse puede ser su mayor liberación, por que no todo merece un regreso, ni cumplir siempre la misma función. Por eso no estoy enojada con mi cabello y su abandono. No sería el primero de la semana. Comprendo que dejarse caer puede hacerlo sentir al fin la estabilidad que representa el piso, aunque después sea barrido o dejado a su suerte en un rincón, pero el cambio habrá valido la pena.

​

En esta ocasión elegí hablar de nada y de todo en esta entrada. Sin referencias a otros artistas o autores, sino a mi propio cabello o a los fantasmas de éste. Noticias muy esperadas al fin llegaron y me siento como una embarazada que esperó a su bebé 8 meses (porque eso esperé) pero que, al tenerlo, aún con la emoción de la llegada, no sabe ni cambiar un pañal. Creo que es lo más riesgoso de la espera, acostumbrarse a ella, posicionarse desde la comodidad que brinda la incertidumbre de no poder intervenir en cierto tema hasta que algo pase, porque cuando llega el plazo por cumplirse no se sabe claramente qué hacer.

​

Por eso veo a mi cabello y les hablo hoy de él. Porque sabe perfectamente cuando lucirse en un buen peinado, o disfrutar un tratamiento o corte en el momento indicado, pero también sabe cómo rebelarse entregándose a la humedad, y lo más importante, cuándo desprenderse, ya sea individualmente o en grupo, y dejar espacio libre en el terreno que lo alberga para generar esa ligereza que le falta a una cabeza abrumada más por posibilidades que por realidades.

​

No sé si pronto estaré calva y comenzaré a colocar bloqueador solar en mi cuero cabelludo, pero sé que cuando se me cae el cabello, va una parte de mi con él, una parte que sabe cómo soltarse una vez cumplido su cometido y caer de la mejor manera antes de convertirse en el nudo más indeseado.

bottom of page